Los Héroes de Malvinas

 

 

Como argentina no puedo dejar de pasar el mes de abril, sin mencionar la Guerra de Malvinas. Sin caer en absoluto en cuestiones políticas y desde mi mas humilde posición, traigo en este artículo, un sincero homenaje a todos los heroes que voluntariamente, o involuntariamente participaron de la misma. Y estas palabras están en esta sección, por supuesto. Porque todos ellos son PERSONAJES DESTACADOS, excepcionales diría yo, e imprescindibles en nuestra historia.

 

Corta descripción de los hechos

 

El 2 de abril de 1982, las fuerzas militares argentinas desembarcaron en las islas Malvinas, izando la bandera nacional en Puerto Argentino. Habían ido a recuperar el dominio sobre las islas. Gran Bretaña envió una poderosa flota y se inició una guerra que duró 74 días. La misma finalizó con la rendición de Argentina, el 14 de junio.

En la batalla murieron 650 argentinos, 258 británicos y 3 isleños y resultaron heridos 1965 soldados entre ambos bandos. La derrota precipitó la caída de la junta militar, que gobernaba la Argentina, mientras que en el otro extremo, la victoria ayudó a la reelección de la entonces Primer Ministro Margaret Thatcher.

Las guerras siempre son crueles, siempre esconden trasfondos políticos e intereses económicos. Los dos países jamás se pusieron de acuerdo sobre la soberanía de las islas y mientras Argentina considera que siempre fueron suyas y los Ingleses las invadieron en 1833, para los británicos, nunca hubo tal invasión y cuando llegaron no había nadie.

 

Uno como ciudadano común, poco puede hacer por las cuestiones del poder, pero si puede no olvidar lo que pasó, desde la visión que haya tenido cada quien. Y rescatar las historias, que nos quedaron y las que se siguen generando con los años. Madres, hijos, amigos y personas que a lo largo de estos años, han aportado su granito de arena para que la Guerra de Malvinas no sea olvidada y sus heroes no hayan pasado tanto sufrimiento en vano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Pequeñas historias de corazones gigantes

“Soldado argentino solo conocido por Dios”

En diciembre del 2016, los gobiernos de Argentina y Reino Unido, acordaron hacer todo lo posible para identificar los restos mortales de los soldados caídos durante el conflicto. Con lo cual se le encomendó al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) la ardua tarea. Entre el 20 de junio y el 7 de agosto, un equipo de 14 forenses de Argentina, Australia, Chile, España, México y Reino Unido, procedió a exhumar, obtener muestras de ADN y documentar los restos de los 123 cuerpos en el cementerio de Darwin. Luego el Equipo Argentino de Antropología Forense, realizaron las pruebas de laboratorio, conjuntamente con otros dos laboratorios de España y Reino Unido.

 

 

 

 

 

   

Claro que en esta historia hay tres personas muy importantes que cabe destacar. La primera es Geoffrey Cardozo, un militar británico, quien se encargo de darle comienzo al cementerio de Darwin y enterró uno a uno a los soldados, luego de finalizada la guerra. También realizó un informe muy detallado de los mismos, que facilitó la identificación de los cuerpos junto con el ADN.

El segundo protagonista es el marplatense Julio Aro, un superviviente que localizó a Cardozo y se puso al hombro la tarea de devolverle el nombre a las tumbas. Aro, preside la Fundación No me olvides (http://nomeolvides.org.ar/), en donde madres de soldados caídos, veteranos y civiles, buscan mejorar la calidad de vida de los que quedaron. Este año la Universidad de Mar del Plata, anunció que propondrá a Julio, para el Premio Nobel de la Paz, honor que compartirá junto a Cardozo.

Y la tercer protagonista es la periodista de Infobae, Gabriela Cociffi, que fue la encargada de mover todos los contactos posibles, incluso llegando a hablar con Roger Water (cantante de Pink Floid), quién habló con representantes de ambos países y entre todos, luego de diez años de esfuerzos, hicieron posible que se acordara la identificación de los cuerpos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a esa tarea conjunta, se lograron reconocer hasta ahora, a 90 soldados. El 26 de marzo del 2018, a 36 años de la guerra, 214 familiares viajaron a las islas para encontrarse otra vez, con esos valerosos combatientes, que pasaron tantos años sin un nombre, para ahora si, dejarle un rosario o una flor y atenuar el dolor de una herida que no cierra nunca.

 

Cartas con amor

 

Enrique Brunt, ex combatiente en las islas, atesoró durante 30 años, cartas de niños y  tomó coraje para buscar a los autores. Brunt, integrante por entonces del Regimiento 25 de Infantería, llegó a Puerto Argentino como soldado conscripto el 10 de abril de 1982. No tenía ni dos meses de instrucción y le tocó ir a defender a nuestra tierra. Paso prácticamente toda la guerra en la trinchera frente al aeropuerto de la isla Soledad. Esa proximidad y el terrible hambre lo llevaron, a él y a los integrantes de su compañía, a  buscar desesperadamente, algo que comer entre las encomiendas. Durante la noche, los aviones largaban los bultos con provisiones y un tractor los sacaba al costado. Su compañía estaba a unos 200 metros, algún cabo les hacía la pata y salían a buscar comida, antes que la Fuerza Aérea se llevara todo. Y mientras muchos soldados sacaban la comida, Enrique juntaba las cartas, se las guardaba para él y las leía siempre que podía.
Por entonces, casi todos los colegios del país enviaban chocolates, mensajes de aliento y provisiones a los soldados. Brunt había conseguido una bolsa y preparó un hueco hermético para preservar las cartas en la trinchera. En el pozo de zorro que se llenaba con agua helada, convivió durante toda la guerra con Ricardo Ledesma, a quien considera su hermano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Con 18 años, las cartas fueron para el, justo lo que sus pequeños autores soñaron: un mensaje de aliento, de amor y de fuerza. Las guardó tres décadas, como un secreto. La mayoría eran de chicos de Villa Ballester, Chubut y Mar del Plata. Incluso cuando fueron tomados por prisioneros a mano de los ingleses, logró que no se las sacaran. En el año 2012, Brunt tomó coraje y fue junto a otros dos ex soldados, a visitar la Escuela de Villa Ballester. Una maestra suplente reconoció enseguida el dibujo de una flor en una carta, que empezaba diciendo “Querido soldadito”.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

Pero sin duda el reencuentro mas conmovedor fue con los padres de Valeria Parada. La niña estaba en tercer grado cuando le escribió una colorida tarjeta a los soldados. Pero lamentablemente falleció a los 37 años, en el nacimiento de sus trillizos. Enrique, se contactó con sus padres y les devolvió su tarjeta, con la manito estampada.

Durante la Guerra yo tenía siete años y como muchos otros niños del país le escribí cartas a los soldados en Malvinas, pensando en que podrían haber sido mis hermanos mayores. Muchas donaciones y miles de cartas que se hicieron, no llegaron a destino. Enrique Brunt salvó algunas y por lo menos esas cumplieron su objetivo: Dar un abrazo en medio del horror.


El cielo pertenece a los halcones

 

En el año 2010,  los pilotos argentinos invadieron las librerías francesas. Salió a la venta un cómic titulado: “Malvinas. El cielo pertenece a los halcones”. En el se homenajeó la lucha de los pilotos argentinos contra la flota británica en el Atlántico Sur. Basada en testimonios de pilotos, la historia se completa con los dibujos de Walther Taborda y el guión de Néstor Barron, ambos argentinos.

El cómic se compuso de cuatro tomos, centrados en las pericias de un avión y las vivencias de sus pilotos. El primero, de nombre  Skyhawk”, relata la batalla del Grupo V de Caza de la Fuerza Aérea Argentina.  El segundo se llama “Pucará”, el tercero “Super Etendart” y el cuarto “Sea Harrier” y muestra el conflicto desde el lado inglés.

   

 

 

 

 

 

 

 

 

En la reseña del cómic, se puede leer:

Mayo de 1982. Argentina Defiende la Soberanía de las Islas Malvinas Frente a Una de las Fuerzas Militares Más Poderosas del Mundo. En ese infierno congelado, en las condiciones de desventaja técnica y la poca experiencia previa en guerra aérea, Los Pilotos argentinos sorprenden a la flota Británica con su arrojo y temeridad, equilibrando las falencias de equipamiento. De un valor inusitado y una convicción absoluta en la legitimidad de su objetivo. De esta manera, Los Halcones argentinos escriben una de las páginas más heroicas en la Historia de la Aviación Mundial. Las historias contadas aquí están inspiradas en los relatos de pilotos argentinos que sobrevivieron a la guerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Es un homenaje a los tipos que pusieron todo, mostrando su  lado mas humano. El cómic no oculta el miedo o los errores de los pilotos. No es pro militar, ni tampoco está teñido de opinión y política. Y fue seleccionado en el "festival internacional de BD Aeronáutica" del aeropuerto de Le Bourget, cerca de París, para ser elegido vía voto del público a través de Internet para el premio al mejor cómic de aeronáutica.

   

Un pulóver, una vida

 

Miguel Savage, clase 62, integrante del Regimiento 7 de Infantería Mecanizada de La Plata, estaba atravesado por el frío de Malvinas. Con el hambre que le había sacado mas de 20 kilos de su cuerpo, en apenas dos meses, se recuerda como “un esqueleto con casco”.

El 8 de junio de 1982, junto a sus compañeros y un suboficial, iniciaron una caminata hacia una granja cercana al río Murrell. La misión era desactivar una supuesta base de operaciones. Con veinte grados bajo cero y desesperados de hambre y frío, sus mentes divagaban.  No tenían idea del peligro, iban con un plano marcado con las minas, que cada tanto miraban sin acordarse, en donde estaban. Caminaron mas de cinco horas, hasta extenuarse.  Miguel ni siquiera sabía manejar un arma, su única experiencia era saber inglés. Llegaron a una casa y los seis compañeros se tiraron cuerpo a tierra, a mirar con larga vista. El miedo era terrible. Había ventanitas en la casa y pensaron que en cualquier momento les disparaban y los mataban.

Pero la desesperación era mucha y el hambre podía mas que el miedo. El hambre enceguece y los chicos se estaban muriendo de hambre. Literalmente. Luego de una primera inspección de sus compañeros en los alrededores de la granja, el sargento ordenó a Savage que lo acompañara al interior de la vivienda. Patearon la puerta de la cocina y el soldado irrumpió en la casa gritando en inglés: "Si hay alguien venimos a charlar, no se pongan nerviosos, queremos revisar e irnos". Sus palabras sonaban casi a un ruego para que nadie los atacara.

Al ingresar encontró silencio y un desayuno a medio tomar. "La casa era linda, la sentí acogedora, como la casa de mi abuela. Hasta los olores eran familiares", describió Miguel. Al confirmar que el lugar estaba deshabitado, se relajó. Automáticamente afloró en él un espíritu de supervivencia. Tras abrir los cajones, dio con el pulóver salvador. "Era un pulóver inglés lindísimo, con borda azul y cruz. Me lo puse en la nariz y sentí el olor a limpio, a perfume, a naftalina”. Y dije: “Qué lindo, esto es como estar de vuelta en casa”. Se sacó la ropa mojada y se puso ese pulóver, una bufanda, un gorro y medias de lana.

Robó comida y se alimentó con desesperación. "Comí tres panes de manteca sola, al hilo, como un perro". Del lugar se llevó además cajas de avena, fósforos, velas y azúcar. Pero no fue lo único que tomó de allí. Agarró fotos, pensando en que algún día volvería allí.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

Y ese momento llegó en febrero de 2006. Luego de un primer encuentro con Sharon Mulkenbuhr, hija del matrimonio que habitaba la estancia Murrell, visitó el lugar con la intención de cerrar ese capítulo de su historia. En la estancia lo recibió Lisa, hermana de Sharon. El pulóver, que por consejo de un amigo se suspendía enmarcado en una pared de su casa, en Venado Tuerto, volvió entonces a manos de sus antiguos dueños junto a una nota de puño y letra en la que Miguel expresaba su agradecimiento. Con lágrimas en los ojos, Lisa reconoció el abrigo de su padre, ya fallecido.

 "Acá, en esta casa, sentí que alguien me protegió. Y venía a decírselos, veinticuatro años después", le dijo a la muchacha sollozando, mientras se desprendía del preciado objeto. "Esa casa fue como un salvavidas en el océano para mí. Esa casa y ese pulóver me salvaron la vida", remata con una sencillez desgarradora Miguel, ya lejos del frío, del hambre y de la muerte.

 

Un partido con la vida

 

Juan Bautista Segonds utilizó los valores aprendidos en el rugby, cuando decidió aportar su granito de arena para sanar heridas de la Guerra de Malvinas. Fundó “Rugby sin fronteras”, que hoy funciona en Martínez, en el norte del Conurbano bonaerense. Y se originó con la idea de organizar un primer partido en las Islas Malvinas. Inspirado en Mandela, que utilizó el deporte para unir a su pueblo, el ex jugador del club Pueyrredón y del seleccionado de rugby San Isidro, logró juntar a ambos bandos. En 2009 se realizó el primero de tres viajes. Dijo que los isleños se sorprendieron porque pensaron que no iban a ir. Viajaron 34 jugadores, entre amigos, veteranos y jugadores de varios clubes y de los Los Pumas.

 

 

 

 

 

 

 

 

  Para los veteranos, volver al lugar donde habían combatido era algo fuerte. Hubo mucho llanto, ningún ser humano esta preparado para matar, ni siquiera por obligación o defensa. En el primer partido estuvo el rugbier Santiago Martella, hijo de un teniente que murió en combate. Viajó a ver la tumba de su padre y a honrarlo jugando. Mediante el rugby pudieron conectarse con los isleños y pudieron demostrar una imagen positiva de los argentinos.

En el 2011, volvieron a jugar allí y seis años después, emprendieron un desafío mas grande. Jugar en Londres con los veteranos británicos. Con la ayuda de Cristian Martín, un periodista argentino radicado allá, se organizó y lograron algo mas emocionante todavía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Con un balón bendecido por el Papa Francisco, en el 2015, se reunieron los veteranos argentinos y británicos para jugar en el estadio Esher, cerca de Londres. Jugaron mezclados en los dos equipos, junto a familiares y amigos. En el tercer tiempo, que es donde se charla y se establecen las amistades, aprovecharon para sanar heridas y darse abrazos mutuos. Y darse cuenta, que todos eran hijos, esposos, amigos, que solo seguían órdenes y ahora estuvieron juntos por la paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas son algunas de las cientos de historias que dejó la Guerra de Malvinas. Yo les recomiendo, desde mi humilde posición que se tomen el tiempo de encontrar, a través de los relatos en la web,muchas mas historias y anécdotas que como estas les aseguro llegarán a lo mas profundo de su alma. Y desde nuestro corazón recordemos a los heroes y a sus familiares, que no han bajado los brazos nunca.

 

Lorena Hidalgo