Doña Petrona Carrizo de Gandulfo

Doña Petrona nació en La Banda, ciudad cercana a la capital de Santiago del Estero, siendo la penúltima de siete hermanos. Su infancia transcurrió sin sobresaltos en la casa de la calle Urquiza. Allí, en la amplia cocina económica de hierro fundido, preparó por primera vez sus famosos pasteles de hojaldre, según dicen para conquistar a algún amor, y bajo una fórmula secreta que le enseñara su madre Clementina, famosa en la familia por sus dotes de repostera. Estos acontecimientos domésticos, tan comunes y tan repetidos en las familias argentinas, sin duda marcarían su vida futura y definirían su estilo.

Doña Petrona nació en La Banda, ciudad cercana a la capital de Santiago del Estero, siendo la penúltima de siete hermanos. Su infancia transcurrió sin sobresaltos en la casa de la calle Urquiza. Allí, en la amplia cocina económica de hierro fundido, preparó por primera vez sus famosos pasteles de hojaldre, según dicen para conquistar a algún amor, y bajo una fórmula secreta que le enseñara su madre Clementina, famosa en la familia por sus dotes de repostera. Estos acontecimientos domésticos, tan comunes y tan repetidos en las familias argentinas, sin duda marcarían su vida futura y definirían su estilo.

 

 

Ya en la adolescencia, a la edad de 16 años, trabajaría en la estancia Quebrachitos, propiedad de don Napoleón Taboada, en el Departamento de Aguirre, en el interior de Santiago del Estero. Allí trabajó como cocinera y fue donde conoció a Belisario Gandulfo, quien fuera  administrador del establecimiento, con quien se casaría tiempo después y a quien le haría famoso su apellido. La pareja emigró a Buenos Aires en busca de oportunidades, Atilio consiguió un trabajo en el Correo Argentino, pero al tiempo una repentina enfermedad lo inhabilitó laboralmente y entonces Petrona tuvo que hacerse cargo de la situación saliendo a trabajar.
Fue ahí donde consiguió trabajo en la “Companía Primitiva de Gas”para enseñar a usar las nuevas cocinas a gas, que en ese momento eran el artefacto doméstico mas requerido en los hogares porteños. Las mismas reemplazaban  a las cocinas a carbón y a los calentadores Primus, que funcionaban a querosén. La Compañía Primitiva de Gas, tuvo que convencer a las amas de casa de que el gas era más limpio, más fácil de usar y menos peligroso que los mal olientes calentadores a presión, que necesitaban alcohol de quemar para encenderse. Doña Petrona no solamente demostraba cómo funcionaban las nuevas cocinas, sino que también se ponía a cocinar en ellas en la puerta del Bazar Dos Mundos.

 

 

Petrona no se limitó a demostrar como se encendían las dos hornallas simplemente con un fósforo “Ranchera” y cuanto tiempo dejar un pollo en el horno, sino que se dio cuenta que la mayor parte de las señoras no tenían a donde acudir para aprender los trucos de una cocina mas elaborada, que las sacara del estofado del domingo y del puchero de los jueves.
Con la llegada del peronismo al poder se acrecentó en la Argentina la movilidad social y la mujer en general comenzó a demandar mayor protagonismo. Querían vestirse mejor, tener una casa más linda y servir una mesa mejor provista, que reflejara su nuevo status social. La idea de Petrona para responder a esas necesidades fue visionaria, ya que le propuso a la compañía de gas, auspiciar un programa de radio, en el cual ella daría consejos para las amas de casa y les enseñaría a preparar nuevos platos de cocina.

Debutó con una audición diaria en Radio Argentina y el éxito fue inmediato. Luego pasó a radio Excelsior y por último a El Mundo, donde permaneció por 25 años. En ese lapso llegó a construir un imperio, que manejó con habilidad y simpatía desde sus oficinas de la calle Billinghurst: dio clases de cocina, dictó conferencias, hizo demostraciones en las grandes tiendas de la calle Florida, se convirtió en jefa de las ecónomas de la revista El Hogar, escribió cientos de artículos en los diarios y publicó su obra magna, en 1933, “El Gran Libro de Cocina de Doña Petrona”, que ya superó las cien ediciones y llegó a tener 800 páginas y 3000 recetas. Durante muchos años, el regalo obligado a una muchacha que iba a casarse era ese libro, que se convirtió en el más vendido en la Argentina luego de la Biblia y fue traducido a varios idiomas.


         

 

En 1952, cuando comenzó la televisión en la Argentina, Doña Petrona fue de las primeras en transitar por sus estudios, que estaban entonces en el Palais de Glace. Con un programa llamado “Variedades hogareñas”, (mas tarde se llamaría “Jueves hogareños”) consolidó su fama y definió su peculiar estilo de comunicación. Petrona jamás pretendió ser una cocinera profesional e insistió siempre en su condición de ama de casa. Trabajaba en vivo desde una cocina modesta, que replicaba con fidelidad la de una casa de clase media. Bien peinada “de peluquería”, casi sin maquillaje y vestida como para salir, usaba sobre el vestido un coqueto delantal con volados, como los que se podían comprar en cualquier buena tienda de barrio. Utilizaba pocos utensilios de cocina y las sartenes y cacerolas eran las de uso diario en cualquier casa. Lo más sofisticado que llegó a usar fue una procesadora,  que metía tanto ruido que la cocinera debía estar en silencio cuando la ponía en marcha. Aunque también supo adaptarse a todas las innovaciones de su época como la heladera eléctrica, la olla a presión, la licuadora, los caldos en cubito, la salsa blanca en polvo, la harina leudante o los alimentos congelados.
Precursora de la cocina ante las cámaras y de trucos en la transmición en vivo, su técnica de espejo en el techo para que se viera lo que se cocina se sigue utilizando hasta hoy. De voz robusta,  fuerte y retumbante, su lenguaje era llano pero muy rico en vocabulario, su acento levemente provinciano resultaba muy simpático y jamás usó términos de la cocina profesional. Junto con Juanita, su silenciosa ayudante con la que solo cruzaba palabras en voz baja, alegró la vida de miles y miles de señoras. Que gracias a ellas dejaron de cocinar –como decía Doña Petrona– “esos guisos de morondanga” para armar una mesa hogareña más rica placentera.

Su gran salto a la fama nacional se daría en 1960, cuando se incorporó al programa “Buenas tardes, mucho gusto”, conducido por Maricarmen, Anna María Muchnik y Canela, entre otras. Este programa estuvo al aire por veinte años y se emitía los lunes, miércoles y viernes por la tarde y llegó a recibir alrededor de 400 cartas por día y tener un registro de 600 mil amas de casa registradas. Su éxito llegó a todos los hogares e incluso Alberto Olmedo con su personaje de Capitán Piluso, la imitaba realizando recetas imposibles de hacer.

 


    

 

 

Sobre el formato creado por Doña Petrona, en Canal 7 primero y en Canal 13 desde 1960, florecieron, con mayor o menor fortuna, decenas de programas similares. Pero ninguno alcanzó su raro y sutil atractivo. Su libro habita prácticamente en todas las cocinas argentinas y su última edición, la 101, pesa 970 gramos, casi un kilo de sabiduría culinaria. Es un fenómeno editorial que ya lleva mas de 3.000.000 de ejemplares vendidos, superando hasta el mismo Martín Fierro. Petrona fue la primera en entender lo que realmente  representaba para las mujeres de su época un plato bien elaborado y presentado. También editó otros libros como “El libro de repostería de Doña Petrona”, “Doña Petrona hoy cocina para usted” y “Recetas económicas de Doña Petrona”. Luego supo entender que en determinado momento, a las mujeres les preocupaba mas poder usar una bikini que lucirse con una torta de las suyas y fue cuando junto al doctor Alberto Cormillot, editó otros  libros llamados “Coma bien y adelgace” y “El placer de comer y adelgazar”

 

 

    

 

 

El 10 de Diciembre de 1975 Doña Petrona y una serie de reconocidas ecónomas fundaron la "Asociación Argentina de Ecónomas y Gastrónomas". Se inicia así la divulgación y aprendizaje del arte culinario. Las actividades desarrolladas en un año por aquellas pioneras trascendieron de tal manera que dio lugar a que la Asociación fuera reconocida oficialmente. Actualmente dicha asociación, ofrece cursos gratuitos para aquellas personas que quieren iniciarse en la cocina.

 



Estuvo casada dos veces y tuvo solo un hijo llamado Marcelo Francisco Massut, quien fue su administrador en la última etapa. Ya alejada de las cámaras, impartió clases en una cocina-taller del Barrio Norte de Buenos Aires. Su nieta Marcela Massut, quien siguió sus pasos en la cocina, la recuerda en sus últimos años: - “Con una paciencia absoluta, un amor de profesora”. “El reuma fue reduciendo su disponibilidad para los quehaceres en la cocina, sin embargo, llegó a enseñarme sus famosas rosas de mazapán, fui su última alumna y recuerdo con mucho cariño esos encuentros, con el silencio de entender y comprender en cada paso, su herencia, que me estaba dejando en las manos, como un tesoro. Era muy ordenada trabajando, tenía que tener los repasadores impecables. Los fines de semana, reunía a una decena de matrimonios en su casa de Olivos y los agasajaba con sus platos más exquisitos. Tenía sus rituales, cada mañana a las 11, disfrutaba de un whisky“on the rocks” acompañado de un cigarro y unas galletitas untadas con paté o con manteca, sal y limón. Le encantaban los mariscos y sus platos preferidos eran las empanadas santiagueñas y la carbonada. De postre, la torta de coco merengada, cuya receta está en su libro”-. 


     

 

 

Pasó sus últimos momentos de vida junto a su fiel asistente Juanita y aunque se la asocia a una postura estricta para con su ayudante, que reflejaba en los programas de televisión, era Juanita la que manejaba su casa, no como ama de llaves, sino como una verdadera amiga. Juanita hacía las compras, disponía el menú diario, seleccionaba el delantal que se iba a poner Petrona y era quien autorizaba los permisos de la nieta, para salir luego del colegio. Juanita vivió en casa de Petrona desde los 18 años, hasta que Petrona falleció de un ataque al corazón el 6 de febrero de 1992, en su casa de Olivos, luego volvió a su Formosa natal y falleció dos años después que ella.