Descubrimientos por casualidad

Viagra: Los hombres que reciben tratamiento contra la disfunción eréctil deberían agradecer a los trabajadores de Merthyr Tydfil, una villa galesa donde en 1992, durante unas pruebas efectuadas con una nueva droga contra la angina de pecho, surgieron los efectos secundarios que desafiaban la gravedad. 

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Rayos-X: Wilhelm Röntgen realizaba experimentos analizando los rayos catódicos, para evitar la fluorescencia violeta que producían dichos rayos en las paredes de un tubo de vidrio. Era tarde y al conectar su equipo por última vez se sorprendió al ver un débil resplandor amarillo-verdoso a lo lejos: sobre un banco próximo había un pequeño cartón con una solución de cristales de platino-cianuro de bario, observó que al apagar el tubo se oscurecía y al prenderlo se producía nuevamente, retiró más lejos el cartón y comprobó que la fluorescencia se seguía produciendo, repitió el experimento y sucedió lo mismo, los rayos creaban una radiación muy penetrante, pero invisible. Observó que los rayos atravesaban grandes capas de papel e incluso metales menos densos que el plomo. 

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Penicilina: El científico escocés Alexander Fleming investigaba la gripe en 1928 cuando se dio cuenta de que un moho azul-verdoso había infectado una de sus placas y había matado a la bacteria staphylococcus que cultivaba en ella. Todos recibieron con clamor su descuido en el laboratorio. 

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Hornos microondas: Los emisores de microondas (o magnetrones) proveían a los radares aliados en la segunda Guerra mundial. El salto de detectar nazis a calentar comida llegó en 1946, después de que un magnetrón derritiese una barra de caramelo que llevaba en el bolsillo Percy Spencer, ingeniero de la empresa Raytheon
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Coñac: Los mercaderes de vino medievales solían extraer el agua del vino (destilándola) de modo que su delicada carga se asentara mejor y ocupara menos espacio en el mar; luego en destino volvían a añadirla. Mucho después, algún buen samaritano (casi seguro un marinero) decidió evitar el proceso de la reconstitución y así nació el brandy.

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Caucho vulcanizado: El caucho se pudre de mala manera y huele peor, a no ser que se vulcanice. Los antiguos mesoamericanos tenían su propia versión del proceso, pero Charles Goodyear lo redescubrió en 1839 cuando se le cayó sin querer, un compuesto a base de caucho y azufre sobre una estufa caliente.  

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Papas fritas finitas: El chef George Crum preparó el complemento perfecto de  cualquier picada en 1853 cuando – para fastidiar a un cliente que siempre se quejaba de que sus patatas fritas eran demasiado gruesas, las partió del grosor de un papel y las frió hasta que crujían. No hace falta decir que el comensal no pudo comerse solo una.

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