Nelly Peri

 

 

PRIVILEGIO

La noche en mi ventana

le quita transparencia a los cristales

y ya no puedo ver el palpitar de la amapola

cuando la suave brisa la provoca.


El día sofocante terminó estallando

en una repentina tormenta veraniega

y la lluvia cadenciosa y pareja

es un sedante que acaricia las hojas.


Prendo el farol y me sorprenden

los pájaros que habitualmente moran

en los altos bambúes que limitan al norte,

oficiando secreta ceremonia.


Privilegiada espectadora observo

aleteos, saltitos con revuelos

y oigo un cuchicheo de cantos satisfechos

al contactar el agua refrescante.


Sólo hay felicidad en ese entorno

y ellos, sin saberlo, la transmiten

haciendo que compartamos juntos

este momento casual e irrepetible.

 

 

 

VITRAL

La felicidad aparece.

Se asoma a veces imprevistamente.

Todos la llaman, la persiguen,

pero ella es esquiva, no transa.

Creo que elige cuándo y a quién

regalará su instante.

O un lapso prolongado,

porque cada quien recibe la dosis necesaria

para que la vida luego

no siempre le sea amarga.

La felicidad, amiga,

no es un espejismo.

Es un relámpago, vitral de luces

que, tal vez, no percibiste.

Tratar de ser feliz es un mandato,

por lo tanto es preciso

tener estrategias para no perder

ninguna circunstancia.

Es prioritario capturar la dicha

de manera sencilla,

no todo se resume en pasión o delirio.

Hay pequeños avisos,

misteriosas señales,

claves a descifrar

alertando la mente y los sentidos.

Basta imponerse el rito diario

de buscar ese destello…

Que aparece en la vida

Fluyendo en su latido.


 

Y… SIN EMBARGO ESTÁS

Y las horas acompañan…

el latido errático de un corazón

que juega a que retornes,

en el chirriar de la puerta,

en el ring del aparato

que reposa insonoro en la mesa,

en un taconear inconfundible,

en el cielo enrojecido de febrero,

en los cascabeles indiscretos del pasillo

que sonaban a tu paso,

en una fugaz silueta por la acera,

en el aroma dulce del tabaco,

en el frenar de un auto que no llega,

en la evocación de aquella melodía…


Y… sin embargo, estás…

En el muro de silencio

que me envuelve

sé que estás,

protegiéndome,

siempre.