Alfonsina Storni

Alfonsina Storni Martignoni nació en Sala Capriasca, Suiza el 29 de mayo de 1892 y falleció en Mar del Plata, Argentina el 25 de octubre de 1938. Poeta y escritora del Postmodernismo. Su temática casi siempre amorosa, también se liga al feminismo, a la soledad y a la marginación. Algunas de sus obras son: “La inquietud del rosal”, “Languidez”, “Ocre” y “Mascarilla y trébol”.

 

TÚ ME QUIERES BLANCA
Me quieres de espuma.
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas casta.
De perfume tenue,
corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado se haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea.
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres casta.

Tú que hubiste todas
las copas a mano.
De frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.

Tú que en los jardines
Negros del engaño
Vestido de rojo
Corriste al estrago
Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros.
Me pretendes blanca.
(Dios te lo perdone)
Me pretendes casta.
(Dios  te lo perdone)
Me pretendes alba.

Huye hacia los bosques.
Vete a la montaña.
Límpiate la boca.
Vive en las cabañas.
Toca con las manos
la tierra mojada.
Alimenta el cuerpo
con raíz amarga.
Bebe de las rocas!
Duerme sobre escarcha!
Renueva tejidos
con salitre y agua.

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada.
Entonces buen hombre:
Preténdeme blanca.
Preténdeme nívea.
Preténdeme casta.

 

 

DOLOR

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera
como una romana para concordar,
con las grandes olas y las rocas muertas,
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento y los ojos fríos,
y la boca muda dejarme llevar.
Ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear.
Ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar.
Pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar.
Ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar.

Perder la mirada distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar.
Y figura erguida entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

 

 

En octubre de 1938, Alfonsina viaja a Mar del Plata. Desde allí, envía dos cartas: una a su hijo, Alejandro, y un "Poema de despedida" al diario La Nación:
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú,
nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste, todas son buenas;
bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que te olvides.
Gracias... Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido..."