FRANCISCO   LUIS  BERNÁRDEZ

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires el 5 de octubre, 1900 y falleció en 1978. Este poeta y diplomático, vivió en España durante cuatro años. Al volver al país, se unió al grupo Martín Fierro, que cumplía una parte importante en la literaria y estética renovación de la literatura argentina. Trabajó en el diario La Nación, y la revista Criterio. Fue director general de la cultura intelectual de la justicia, ministro de procedimientos públicos y embajador argentino en Madrid. Sus primeros trabajos fueron “Orto” y “Bazar”, escritos siguiendo los principios del ultraísmo. Luego trató con temas religiosos en trabajos como “Cielo de tierra”, “La ciudad sin Laura”, “Poemas elementales”, “Poemas de carne y hueso”, “El ruiseñor” y “Las estrellas”.

 

Del libro de poemas “LA CIUDAD SIN LAURA”

LA CIUDAD  SIN LAURA

En la ciudad callada y sola mi voz despierta una
Profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un
nombre y este nombre me acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz
enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz
cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que suena siento el sonido de
una música lejana.
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de
una remota llamarada.
Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con
decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar
este desierto es el de Laura.
Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer
las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en
que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y
 resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza
que tienen.
La oscuridad desaparece mientras el sueño silencioso
se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin
palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las
noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta
melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que
recuerdo no me olvida.
Porque este nombre me sostiene con emoción desde su
tierna lejanía.
Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más honda
que el silencio.
Cuando mi boca estaba muda, mi corazón era invisible
como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía
prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo
estaba muerto.
La pesadumbre de las horas era más íntima que nunca
en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches
eran lentos.
La tierra estaba más oscura porque faltaban las estrellas
en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón
estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio
en el desierto?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor  que me acompaña
desde lejos?
Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora
vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que estoy
cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido
ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra ¿ no es la que alumbra el corazón
del ser amado?
La llamarada que me quema ¿ no es la del fuego en que se quema
sin descanso?
Aunque las lenguas se interponen entre nosotros, ya no pueden
separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto
del espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va
borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida sin dolor ni
sobresalto.

 

SONETO

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

 

EL DESTELLO

Aunque el cielo no tenga ni una estrella
y en la tierra no quede casi nada,
si un destello fugaz queda de aquella
que fue maravillosa llamarada,

me bastará  el  fervor con que destella,
a pesar de su luz medio apagada,
para encontrar la suspirada huella
que conduce a la vida suspirada.

Guiado por la luz que inmortaliza,
Desandaré mi noche y mi ceniza
por el camino que una vez perdí,

hasta volver a ser, en este mundo
devuelto al corazón en un segundo,
el fuego que soñé, la luz que fui.

 

ROMANCE

Aquellas cosas profundas
que yo apenas entendía,
desde que el amor las nombra
me parecen cristalinas.

Aquel tiempo de otro tiempo
que sin gloria transcurría,
desde que el amor lo empuja
tiene lo que no tenía.

Aquella voz apagada
es una voz encendida,
desde que el amor de fuego
su fervor le comunica.

Aquella frente desierta,
aquella frente perdida,
está mucho menos sola
desde que el amor la habita.

Aquellos ojos cerrados
están abiertos y miran,
desde que el amor les muestra
riquezas desconocidas.

Aquellas manos desnudas
ya no son manos vacías,
desde que el amor las llena
con su propia maravilla.

Aquellos pasos sin rumbo.
Aquellos pasos sin vida,
ya tienen rumbo seguro
desde que el amor los guía.

Aquel corazón oscuro
luce una luz infinita,
desde que el amor lo alumbra
con su verdadero día.

Aquel pobre entendimiento
tiene una fuerza más limpia,
desde que el amor lo inflama,
desde que el amor lo anima.

Aquella pluma de siempre
vive una vida más viva,
desde que el amor la mueve,
desde que el amor la inspira.

Aquel mundo sin objeto
tiene una razón precisa,
desde que el amor eterno
lo sustenta y justifica.

Aquella vida de antaño
responde a peso y medida,
desde que el amor confunde
su existencia con la mía.