JACQUES  PRÉVERT

Jacques Prévert

Jacques Prévert nació el 4 de febrero de 1900 y falleció el 11 de abril de 1977. Pasó su infancia en Neully-sur-Seine. Su padre era crítico de teatro y le llevaba frecuentemente a ver representaciones. Participó en el movimiento surrealista como miembro activo del grupo de la rue du Château. En 1928 fundó, junto a su hermano Pierre una productora teatral y cinematográfica. En la década de 1930 fue el alma del grupo de teatro "Octubre", vinculado al Partido Comunista Francés. También escribió varios guiones para el director de cine francés Marcel Carné, entre los cuales se encuentran “Drôle de drame”, “Le jour se lève” y “Les enfants du paradis”. Sus poemas tratan sobre la vida en París y la vida después de la Segunda Guerra Mundial. Su poesía recurre a neologismos, dobles significados, imágenes insólitas, humor a veces negro y a veces erótico.

 

LAS HOJAS MUERTAS

Oh! me gustaría tanto que recordaras
los días felices cuando éramos amigos…
En aquel tiempo la vida era más hermosa
y el sol brillaba más que hoy.
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo…
¿Ves? No lo he olvidado…
Las hojas muertas se recogen con un rastrillo,
los recuerdos y las penas también.
Y el viento del norte se las lleva
en la noche fría del olvido.
¿Ves? No he olvidado
la canción que tú me cantabas.

Es una canción que nos acerca.
Tú me amabas y yo te amaba.
Vivíamos juntos,
tú que me amabas, y yo, que te amaba
Pero la vida separa a aquellos que se aman,
Silenciosamente sin hacer ruido.
Y el mar borra sobre la arena
el paso de los amantes que se separan.

Las hojas muertas se recogen con un rastrillo.
Los recuerdos y las penas también.
Pero mi amor, silencioso y fiel
siempre sonríe y le agradece a la vida.
Yo te amaba, y eras tan linda…
¿Cómo crees que podría olvidarte?
En aquel tiempo la vida era más hermosa
y el sol brillaba más que hoy.
Eras mi más dulce amiga,
más no tengo sino recuerdos.
Y la canción que tú me cantabas…
¡Siempre, siempre la recordaré!

 

EL ESCOLAR PEREZOSO
                                    Del libro PAROLES (PALABRAS)

 

Dice no con la cabeza
pero dice sí con el corazón.
Dice sí a lo que quiere
dice  no al profesor.
Está de pie,
lo interrogan,
le plantean todos los problemas.
De pronto estalla en carcajadas
y borra todo.
Los números y las palabras,
los datos y los nombres,
las frases y las trampas.
Y sin cuidarse de la furia del maestro,
ni de los gritos de los niños prodigio,
con tizas de todos los colores,
sobre el pizarrón del infortunio
dibuja el rostro de la felicidad.

 

ARENAS MOVEDIZAS

Demonios y maravillas.
Vientos y mareas.
A lo lejos ya el mar se ha retirado.
Y tú,
cómo un alga dulcemente acariciada por el viento,
en las arenas del viento te agitas en sueños.
Demonios y maravillas.
Vientos y mareas.
A lo lejos ya el mar se ha retirado,
pero en tus ojos entreabiertos
han quedado dos pequeñas olas.
Demonios y maravillas.
Vientos y mareas.
Dos pequeñas olas para ahogarme.

 

PARA BÁRBARA
                                      Del libro PALABRAS

 

Acuérdate Bárbara,
llovía sin cesar en Brest aquel día.
Y marchabas sonriente,
dichosa, embelesada, empapada
bajo la lluvia.

Acuérdate Bárbara,
llovía sin cesar en Brest
y me crucé contigo en la calle de Siam
Sonreías
y yo también sonreía.

Acuérdate Bárbara.
Tú a quién yo no conocía.
Tú que no me conocías.
Acuérdate.
Acuérdate pese a todo aquel día.
no lo olvides.

Un hombre se cobijaba en un portal
y gritó tu nombre:
¡Bárbara!
Y corriste hacia él bajo la lluvia,
empapada, embelesada, dichosa,
y te echaste en sus brazos.

Acuérdate de eso Bárbara,
y no te ofendas si te tuteo.
Yo tuteo a todos los que amo
aunque los haya visto sólo una vez.
Tuteo a todos los que se aman
aunque no los conozca.

Acuérdate Bárbara,
no olvides
esa lluvia buena y feliz,
sobre tu rostro feliz,
sobre esa ciudad feliz.
Esa lluvia sobre el mar
Sobre el arsenal,
sobre el banco d´Quessant.

¡0h Bárbara!
Menuda estupidez la guerra
que ha llegado a ser ahora,
bajo esta lluvia de hierro,
de fuego, de acero, de sangre.
Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos
Amorosamente,
quizás ha muerto o desaparecido o vive todavía.

¡Oh Bárbara!
Llueve sin cesar en Brest
cómo solía llover en otro tiempo.
Pero no es lo mismo y todo está estropeado.
Es lluvia desconsolada de duelo espantoso.
Ni siquiera es ya tormenta
de hierro, de acero y de sangre.
Simplemente nubes
que revientan como perros.
Perros que desaparecen
en el remanso de Brest,
y van a pudrirse lejos,
lejos, muy lejos de Brest,
donde ya no queda nada.