Amado Nervo

Escritor nacido en 1870 y fallecido en 1919. Redactor y colaborador de periódicos como El Universal, El Nacional y El Mundo. Publicó “El bachiller”, “Plenitud” y “Los jardines interiores”, entre tantos otros. Su obra, encasillada frecuentemente como modernista, se ve matizada con el misticismo y la tristeza de su estilo.

 EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino.
Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
¡Cuando planté rosales, coseché siempre rosas!
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas
más  no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas.
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!¡ Vida, estamos en paz!

 

PERLAS NEGRAS XI

¡La calma…!  tan sólo es buena
para el débil que la ama:
me gusta el mar cuando brama
y la nube cuando truena;
la corriente, cuando llena
de espuma, se lanza al plan;
el monte cuando en volcán
convertido centellea,
y se estremece y humea
como fragua de titán.

¡La lucha…!  tan sólo es buena
para el fuerte que la quiere:
me gusta el mar cuando muere
cantando sobre la arena:
la nube, cuando serena,
me finge crespón muy leve;
el río,  cuando se mueve
entre céspedes y cañas,
y las inmensas montañas
si se coronan de nieve.

 

PERLAS NEGRAS XII

Sol esplendente de primavera,
A cuyo beso, fresca y lozana,
la flor se yergue, la mariposa
viola el capullo, la yema estalla;
sol esplendente de primavera:
¡yo te aborrezco¡ porque desgarras
las brumas leves que me circundan
como rizado crespón de plata.

A mí me gustan las tardes grises,
las melancólicas, las heladas,
en que las rosas tiemblan de frío,
en que los cierzos, gimiendo pasan,
en que las aves, entre las hojas,
el pico esconden bajo del ala.
A mí me gustan esas penumbras
indefinibles de la enramada,
a cuyo amparo corren las fuentes
surgen los gnomos, las hojas charlan…

Sol esplendente de primavera,
ceda tu gloria, declina, pasa:
deja las brumas que me rodean
como rizado crespón de plata.
Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada,
¡os aborrezco¡. Vuestros encantos
ni me seducen ni me arrebatan.
A mí me gustan las niñas tristes,
a mí me gustan las niñas pálidas,
las de apacibles ojos oscuros,
donde perenne misterio irradia;
las de mirada que me acarician
bajo el alero de las pestañas…

Más que las rosas, amo los lirios
y las gardenias inmaculadas;
más que claveles de sangre y fuego,
la sensitiva mi vista encanta…
Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada:
pasad en ronda vertiginosa;
vuestros encantos no me arrebatan.