RABINDRANATH TAGORE

 

Sir Rabindranath Tagore nació en Calcuta el 6 de mayo de 1861 y falleció en Santiniketan el 7 de agosto de 1941. Este  poeta bengalí, filósofo del movimiento Brahmo Samaj, artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones, fue premiado con el Premio Nóbel de literatura en 1913, convirtiéndose en el primer asiático laureado con este reconocimiento. Extendió el amplio arte bengalí con multitud de poemas, historias cortas, cartas, ensayos y pinturas. Fue también un sabio y reformador cultural que modernizó el arte bengalí. Dos de sus canciones son ahora los himnos nacionales de Bangladesh e India: el Amar Shonar Bangla y el Jana Gana Mana.

DORA MARGARITA GARCÍA, nos hizo llegar estas palabras hermosas de Rabindranath Tagore.
 

LA MADRE CANTA

Cuando te traigo juguetes de colores, niño mío, entiendo el tornasol del agua y de la nube, y entiendo por qué un hada pinta las flores por la noche y entiendo el arco iris sobre el campo y el nácar en la playa de la luna: cuando te doy juguetes de colores.

Cuando canto para que bailes, mi niño, sé por qué la música plateada del viento entre las ramas y el coro entre las olas alrededor del mundo y la cadencia de la luz sobre las hojas: cuando canto para que tú bailes

Cuando en tus pequeñas manos ávidas pongo dulces y golosinas, comprendo para qué la miel en el cáliz de la flor y para qué la savia azucarada,  que en secreto madura la fruta, como el amor un corazón: cuando pongo dulces y golosinas en tus pequeñas manos ávidas.

Cuando abrazo tu cara de jazmín y canela, para hacerte sonreír, mi niñito querido, comprendo la dicha que se extiende por el cielo límpido de la mañana y la delicia en que la brisa de verano envuelve mi cuerpo y la onda del trigal al mediodía: cuando te abrazo para que sonrías.

                                  
Y tal cómo lo hiciera Juana de Ibarbourou, Rabindranath también le dedicó unas bellísimas palabras a la higuera.

 LA HIGUERA

Higuera que te yergues como un gigante desmelenado junto al estanque, ¿Te olvidaste del niño? ¿Cómo olvidaste los pájaros que anidaban en tus ramas y ya se fueron?
¿No te acuerdas de él, de cuando se sentaba a la ventana y admiraba tus retorcidas raíces que se hundían en el suelo?

Las mujeres vienen a llenar sus cántaros en el estanque y tu enorme sombra negra se mueve en la superficie del agua como el sueño se debate en el momento del despertar.
Los rayos del sol bailan sobre el agua rizada, como minúsculas lanzaderas que tejieran  sin parar una tela de oro.

Por entre la hierba de la orilla nadan dos patos, y el niño se sienta, pensativo e inmóvil para contemplar sus sombras en el agua.

¡Cómo le gustaría ser el viento para silbar por entre tus susurrantes ramas!
 Ser tu sombra para tenderse sobre el agua con el día que declina. Ser un pájaro para posarse en tu rama más alta.

¡Cómo le gustaría flotar como esos patos, entre las hierbas y las sombras!