MANUEL FELIPE  RUGELES

Poeta y ensayista venezolano. Nació el 30 de agosto de 1903 y falleció el 4 de noviembre de 1959. Por sus críticas al gobierno de Juan Vicente Gómez fue encarcelado y en 1929 se exilió en Colombia. De regreso a Venezuela en 1936, fue director de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación y director de la Revista Nacional de Cultura. Algunas de sus obras son: “Cántaro”, “Oración para clamar por los oprimidos”, “La errante melodía”, “Aldea en la niebla”, “Puerta del cielo”, “Poetas de América cantan a Bolívar” y “Sentido emocional de la patria”.

 

EL HOMBRE

Este hombre es el mismo que conocen los siglos.
Vencedor o vencido, filósofo o esclavo,
justo o impenitente, conforme o vengativo.
Este hombre es el mismo
que ha tirado el guijarro, o ha aromado la venda,
que ha escondido el puñal o ha cortado la rosa,
que ha erigido el patíbulo o apagado la hoguera.
El que avivó la ira o prendió la alegría;
el que vistió la púrpura o anduvo desnudo
o lloró frente al mar o atizó la tormenta.
El mismo, el mismo hombre
que salvó las palomas o arruinó las abejas;
el del vaso de oro o el manjar de lujuria;
el que bebió del cielo o se hartó de la tierra.
El mismo, el mismo hombre
de la ardiente cruzada o el de voz tumultuaria;
el bandido o el mártir, el héroe o el misántropo;
el de lámpara o cruz  o bandera en la diestra.
O el que desesperado, sin esperar blasfema,
o el que ha hundido sus labios en la herida de Cristo
o el que ahoga su llanto profético en la sombra
o el que mide su vida por un grano de trigo.
Todos el mismo hombre que conocen los siglos.
Y en la historia o en la fábula diciéndonos hermanos.
Y tú Dios, perdonando la mentira y el odio
y la sangre vertida que corre en nuestras manos

 

LA ALDEA

En mi aldea
cuando niño
nunca creí en otra aldea,
nunca soñé en otra tierra.
Recortaba sus crepúsculos
y apacentaba sus nieblas.
Cristales me daba el río,
pájaros me dio la huerta.
Con un caracol de monte
vida tuvo una flor nueva.
Preso entre cuatro horizontes
pasé mi niñez entera.
Después descubrí un camino
nacido al pie de mi aldea.

 

POR MI CORAZÓN ADENTRO

Soy montañés y lo digo
porque montañés me siento.
Madre: mirando uno el mar
de cerca se sueña lejos.
Parece que el agua tiene
la luz de todos los puertos.
Y en cada puerto hay un barco
que nos lleva a mares nuevos.
¡Cuánta nostalgia de ti
y de la aldea yo tengo¡
Nostalgia de ver azul
de colinas en invierno.
De mirar verde en los valles
y mirar niebla en los cerros.
De beber agua en cascadas.
De cortar el maíz tierno.
De seguir con los rebaños.
De ver nacer los luceros.
Madre: los pájaros llaman
a la puerta de mi sueño.
Madre: la aldea camina
por mi corazón adentro.