WALT  WHITMAN

 

Walt Whitman, nacido en West Hills, condado de Suffolk, Nueva York el  31 de mayo de 1819, fue un poeta, ensayista, periodista y humanista estadounidense. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, particularmente por su libro “Hojas de hierba”, descrita como obscena por su abierta sexualidad. Su influencia ha sido amplia, siendo tenido como el padre de la moderna poesía americana. Falleció en Camden, Nueva Jersey, 26 de marzo de 1892. Estos son algunos de sus poemas:

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NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida
algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar al mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima
nos enseña,
nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra
la poderosa obra continúa:
tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes, huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo,”
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas.
Pero no podemos remar en contra de nosotros mismos
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes pueden enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos,”
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

 

POEMAS DE SU LIBRO  “CANTO A MÍ MISMO”

 

Poema 1

ME CELEBRO Y ME CANTO A MÍ MISMO

 

Me  celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago… e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Se cuál es mi misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal.
Dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la
naturaleza desenfrenada.

 

POEMAS DEL LIBRO “HOJAS DE HIERBA”

TU MIRADA

Me miraste a los ojos, penetrando
en lo más profundo de mi alma.
El cristal azul de tus pupilas,
me mostraba, mi imagen reflejada.

Me miraste y pediste temblorosa
que un te amo, saliera de mis labios,
pero ellos ya no tienen más palabras
pues los golpes de la vida los han cerrado.

Me miraste y tu pelo se erizaba,
y una gota redonda en tu pupila
que brotó, de un corazón roto
y cayó recorriendo tu mejilla.

Me miraste y tu rostro empapado
me exigía una palabra, una respuesta,
y mentí diciéndote te amo
por ganar de tu cara una sonrisa.

 

UNA ARAÑA PACIENTE Y SILENCIOSA

Una araña paciente y silenciosa,
vi en el pequeño promontorio en
que sola se hallaba.
Ví cómo para explorar el vasto
espacio vacío circundante,
lanzaba uno tras otro, filamentos,
filamentos, filamentos de sí misma.

Y tú, alma mía, allí donde te encuentras,
circundada, apartada,
en inconmensurables océanos de espacio,
meditando, aventurándote, arrojándote,
buscando sin cesar las esferas
para conectarlas,
hasta que se tienda el puente que precisas,
hasta que el ancla dúctil quede asida,
hasta que la telaraña que tu emites
prenda en algún sitio, alma mía.