Leyenda del Palo Borracho

 

Las leyendas tratan de flores, pájaros, o de  distintos lugares de nuestra Patria y forman parte de una rica literatura que se remonta a las culturas aborígenes, que fueron transmitidas oralmente de generación en generación.

Estas historias mágicas permanecen en nuestra memoria desde que cursábamos los primeros grados.

Vamos entonces a conjugar historias con los conocimientos botánicos.

Palo borracho

En épocas tan lejanas a nuestros días, que es imposible precisarlas, los aborígenes no tuvieron necesidad de trabajar.
El Dios Protector era su supremo proveedor. Bastaba pedir para que generosamente entregara lo solicitado.
Tenía sus reservas, sus despensas inagotables en el tronco del Palo Borracho. A esto se debe la forma de su tronco.
Frutos, peces, semillas y hasta el agua fresca y cristalina manaban de su interior.

El Dios despensero vivía en las raíces del árbol y los aborígenes lo llamaban  “El Padre de los Peces”.

Diariamente los abastecía de este alimento que tanto les agradaba.
Agradecidos  cuidaban para que nadie dañara al árbol.

Mandiporá, indio muy comilón e insaciable, cuando todos los días se repartían los alimentos que daba el Padre de los Peces, miraba con ojos de gula incontenible el tronco del palo borracho que contenía tantos alimentos.

Un día no pudo resistir la tentación. Ni la gratitud ni el respeto al Dios Protector fueron suficientes para evitar el sacrilegio.
Arrastrándose sin ser visto tendió su arco y lanzó una flecha contra el tronco dadivoso, alcanzando al Padre de los Peces.

Se abrió una brecha en la blanda madera y por ella el Dios salió dando aletazos y tras de él salieron todos los seres que contenía su despensa.

Aves, mamíferos y reptiles huyeron a ocultarse en la selva. El agua, que repartía en las épocas en que las lluvias no abundaban y amenazaba la sequía, corría ahora en forma incontenible y con ella los peces.

El enorme caudal buscaba el nivel más bajo y formó así los ríos, lagunas y esteros.

Palo borracho

Desde entonces los aborígenes tuvieron que salir a buscar su sustento a través de la caza y la pesca.

La Naturaleza ayudó al árbol a cicatrizar  la herida que le infligiera Mandiporá.

Cortas y recias espinas cubrieron su madera. Pero su tronco quedó por siempre pobre de fibra, sin consistencia conservando la forma de barril., lo que sugirió su nombre de Palo Borracho.